lunes, 12 de enero de 2015

¡¡DÍA DE PERROS!!

Amaneció un espléndido día de finales de otoño a pesar de las malas predicciones, había que abrigarse, pero no había helado aun. Estábamos citados en Brazatortas para la junta de monteros, donde fuimos acudiendo a la hora señalada para disfrutar en Huerta Juanillo de la última montería a la que la sociedad acudía en el año 2014 y despedirnos hasta después de las Navidades.

Una vez terminado el sorteo y a la hora de salir las armadas hacia la mancha, empezó a moverse un airecillo que no gustaba a nadie y hacía que las nubes viajasen rápidas en el cielo, pero para lo bueno y lo malo, la suerte estaba echada.

De camino a los puestos, alternábamos la vista al cielo para ir controlando las nubes y al suelo, pues la mancha presentaba bastante muestra de cochino de esa misma noche.

los cochinos dejaban rastro de su paso
Cuando llegamos a la mancha, al airecillo primero ya le podíamos quitar el diminutivo, no dejando de soplar en toda la mañana y hubo momentos en que más parecía un vendaval y para más inri en un par de ocasiones unas finas gotas de agua hicieron que nos pusiésemos los impermeables, pero sin llegar a mayores.

a pesar de la fecha, los madroños aun tenían frutos
Entre racha y racha de aire llegaron los sonidos de la suelta de las rehalas y como perros primero y perreros detrás, iban ganado altura en la mancha hacia la cuerda, incluso se pudo escuchar como los perros punteros levantaron una piara de cochinos, llegando a agarrar a alguno de ellos.

Como hemos comentado la intensidad del aire hacía que no se oyese nada y andaba uno "mosca" porque había que estar muy atento pues en cualquier momento podía aparecer cualquier animal sin avisar si quiera su venida, como así le ocurrió a alguno que se le coló un cochino sin darle tiempo a disparar.


jóvenes monteros con ganas de juerga
Y así pasamos la mañana, en todo momento en tensión y pensando en las habichuelas calentitas que iban a entrar divinamente. Una vez dentro del coche con la calefacción a toda pastilla y según bajábamos a la casa, pudimos ver que habían pasado cosas sin nosotros enterarnos y se vieron a los lados del camino ya varios cochinos esperando a ser cargados en los remolques, uno de ellos era una hermosa guarra que había abatido Jose y que estaba eufórico, al ser el primer día que podía acompañarnos esta temporada.

pedazo cochina con boca que abatió Jose
¿Le contaría algún chiste?
En la comida, según se iban intercambiando opiniones, empezaron a sonar ya no una lluvia fina como en la mañana, sino gotas gordas que hacían sonar la chapa de la nave en la que nos encontrábamos, por lo que se habilitó una parte dentro de la misma nave para los animales abatidos, fallando el cervuno y con un guarro con una boca muy aparente.

parte de los monteros con parte de las reses abatidas