Muchas eran las esperanzas que se habían puesto en la jornada de caza menor, que algunos de los socios iban a disfrutar en el coto que la Federación de Caza de Castilla-La Mancha gestiona en la localidad de Torrenueva. Se nos citó a las 8 de la mañana en la localidad, donde fuimos acudiendo, tanto nosotros, como otras cuadrillas de diferentes sociedades, pasando después de entregar la documentación de los asistentes a realizar el sorteo de cuarterones de caza y la asignación del guía.
De camino al cuarterón que nos había tocado en suerte, ya hubo algún comentario sobre si la zona sería de las mismas características de la temporada anterior, que tan malos resultados dieron, lo que se confirmó al llegar al sitio donde se dejaron los coches, pues cazaríamos en el cuarterón contiguo al del año pasado. También el guía nos comunicó que no se podían abatir liebres, pues estaban reservadas a los galgueros y en el cupo se sustituía por perdices.
Empezamos la mano, donde se alternaban olivares y alguna viña, pero sobre todo terreno de cereal; el terreno estaba bueno, se notaba que había caído bien de agua por la zona, pero no estaba pesado. Los primeros tiros fueron para un bando de perdices entre unas olivas, para después hacernos con un par de conejetes en la junquera de un pequeño arroyo en el que entraron los perros donde los conejos se salían del arroyo para volverse a meter, por lo que los disparos debían ser rápidos. Según se avanzaba, por la otra parte de la mano y entre unas viñas se movían de nuevo los conejos y un bando de perdices.
Llegados a los límites del cuarterón, volvimos para coger de nuevo la mano, pero a la vuelta había bastante más terreno de barbechos y rastrojos que otra cosa y solo un pequeño arroyo con pegotes de juncos hizo que saltase algún conejo, pero poco más había, mientras que alguna que otra liebre salió haciendo a los perros darse largas carreras, sin que los cazadores pudiesen disparar.
 |
| el paisaje a la vuelta |
Con este panorama y pocos tiros hicimos la vuelta hasta donde se habían dejado los coches y poder tomar algo, a ver si aumentaban los ánimos.
Después de reponer fuerzas con un magnífico aperitivo que nos prepararon "Los Fernandos" con productos bajos en colesterol (como nos gusta esa sobrasada) decidimos dar otra vuelta al lado del cuarterón donde no habíamos estado, animados por el guía que nos comentó que esa zona tenía más olivar y viña.
La cosa afortunadamente mejoró algo, pero tampoco para hacer una fiesta, sobre todo por un arroyo cubierto de junqueras donde los conejos salían y entraban, iban para delante y para atrás, volviendo locos a perros y cazadores, por lo que al final pudimos echar un rato divertido.
 |
| resultado final |
Resumiendo, lo mejor de la jornada fue volver a encontrarse con amigos antes de empezar la temporada de caza mayor; lo peor el cazadero, pues todos comentábamos que si se reservan las liebres para los galgueros por las características del cuarterón, no se debía cazar en mano y a la vez serviría de zona de reserva para conejos y perdices.